viernes, 10 de junio de 2011

Pinceladas o brochazos

En ocasiones la conversación a pie de muelle deriva hacia temas que parece que no merecen un artículo en los periódicos o tan siquiera una entrada en el blog. Sin embargo tampoco es bueno que las inquietudes, aunque sean pequeñas, se queden en el tintero y no pasen más allá de una charla portuaria.
De modo que voy a dar unas cuantas pinceladas sobre temas que han ido surgiendo estos días y que unos y otros me han ido comentando.
Para empezar podríamos citar a una familia de navegantes ingleses que se sorprendieron mucho al fondear en la playa de Binibeca. Lanzaron el hierro respetando las boyas que delimitan la zona de baño y decidieron que podrían ir a un restaurante en tierra para cenar a gusto en algún restaurante.
La sorpresa vino cuando el vigilante de la playa les dijo que era imposible desembarcar y dejar el auxiliar en tierra mientras comían. Al explicarle al vigilante que su intención era comer juntos y no por turnos y que además pensaban gastar una buena cantidad de dinero, obtuvieron como respuesta que eso era cosa del ayuntamiento de Sant Lluís y que acudieran allí a quejarse.
De forma que volvieron a su barco y se tuvieron que comer lo que tenían abordo mientras un restaurante anónimo de la zona seguramente estará quejándose amargamente de lo dura que es la crisis que sufrimos.
Me parece que alguien en la administración no entiende muy bien en qué consiste eso del turismo náutico. Y si lo entiende, la situación es peor de lo que yo pensaba.
El mismo navegante inglés se sorprendía de que este año no haya boyas de fondeo en Fornells. Tanta campaña de concienciación sobre la importancia de la poseidonea oceánica y resulta que tras años de cuidarla como un bebé, ahora la dejamos a su suerte frente a cientos de anclas que la agreden cada día. O no está bien lo que se hace ahora o no estaba bien lo que se hacía antes, pero algo no cuadra en la política de protección de esta especie.
Si tan importante es su conservación, no se explica que ahora se deje de proteger arguyendo motivos presupuestarios.
La campaña de verano ya está más que empezada y cada día llegan más barcos buscando refugio a Fornells, pero el campo de boyas que esperaban encontrar no está y muchos, a sabiendas de que existe una reserva marina, no saben si tienen derecho o no a anclar, por lo que la confusión entre nuestros visitantes náuticos es notable.
Otro comentario que se me ha hecho es el del nivel de servicio de las instalaciones portuarias. Dos navegantes, esta vez franceses, me comentaban que no entienden cómo es posible que Ports de les Illes Balears, con todas sus banderas azules y todas las ISO 90xx y todas sus exigencias en las concesiones a terceros, tengan sus instalaciones sin agua corriente, como ocurre en Fornells. Hay unas torretas fenomenales con sus enchufes y sus grifos pero sin agua. Y parece que llevan algunos años así. Ya lo dice el refrán: "En casa del herrero..."
Otro apunte curioso es el que se me hace desde poniente. Hay quen se pregunta quién va a utilizar los amarres de la pasarela de madera que el club tuvo que desalojar para aumentar la seguridad de la maniobra de los ferrys. Ahora que los ferrys se han ido...¿Se devolverán a sus propietarios?¿Se hará correr la lista de espera?¿Se utilizarán para tránsito y así recaudar unos miles de euros adicionales?¿Se reservan para compromisos y amigotes varios? La respuesta en unas semanas.
Esto y muchas cosas más es lo que han dado de sí las últimas semanas de charlas en muelles, varaderos, pantalanes y oficinas. Seguramente que los próximos días podremos comentar más cosas.

jueves, 2 de junio de 2011

Agitado, no removido

Como diría 007 hace unos años, agitado está el interior del nuevo dique de Son Blanc. Mucho más agitado de lo que debiera estar para garantizar la seguridad de los barcos que atracan en él.
Estos días, con viento del norte y nordeste, la agitación de las aguas ha dificultado las maniobras de embarque y desembarque de manera notable en el nuevo puerto comercial.
Esta circunstancia ha hecho que muchos se preguntasen por la gran escollera que debía estar absorbiendo esa agitación a lo largo de la orilla Este del puerto.
Una escollera que estaba en el proyecto que Ferrovial se comprometió a ejecutar y que desapareció en una negociación un tanto opaca que tuvo lugar cuando la UTE concesionaria pidió más dinero y presionó llevándose a Bilbao la máquina de hacer cajones.
Una negociación en la que se "premió" a la concesionaria con un aumento en el presupuesto de las obras hasta el máximo que permitía la legalidad y para rebasar ese máximo se eliminó una parte de la ejecución sin rebajar proporcionalmente el importe de las facturas.
En definitiva: se les regaló la escollera que ahora le hace falta al puerto.
Alguno debe estar rezando para que el tiempo mejore y no se ponga tan descaradamente en evidencia que la escollera que falta es necesaria, porque ese razonamiento lleva a preguntarse el porqué no se llegó a ejecutar esa escollera y esa pregunta no tiene una respuesta cómoda para ciertas personas.
De manera que el puerto está agitado. Por un lado porque el agua se mueve en su interior y por otro porque quienes lo tienen que utilizar se están dando cuenta de que ciertos cargos políticos tienen que responder aún de actuaciones que tienen mucha traza de acabar delante de una toga.
Otro tema que hay que destacar es el hecho de que el dique se ha inaugurado con tantas prisas que no ha dado tiempo a dotar a las zonas de embarque de la protección necesaria contra el roce de los portones de los buques.
Ahora habrá que forrar de plancha metálica aprisa y corriendo esa zona para evitar que acaben sembrándose patatas en los agujeros que previsiblemente se van a agrandar con dichas maniobras.
Se pueden hacer peor las cosas pero hay que esforzarse mucho para conseguirlo.

miércoles, 1 de junio de 2011

El puerto de Ciutadella se quita un peso de encima

Concretamente 1428 toneladas es el desplazamiento de los tres barcos que han dejado de operar hoy con el puerto antiguo de Ciutadella. 633 Tm del Nura Nova, 400 del Ramón Llull y 395 del Sea Jet de Interilles.
Ciutadella ha tenido, desde tiempo inmemorial, conexión marítima con múltiples destinos del Mediterráneo , de forma que para muchos se ha cerrado una era que recordarán con cierta nostalgia.
Sin embargo en los últimos años el tamaño de los barcos y el aumento de las escalas, así como la instalación de semáforos para cerrar el puerto, habían comprometido seriamente el desarrollo normal del resto de actividades portuarias.
Por poner un ejemplo, los horarios de la gasolinera, con seis interrupciones debidas al cierre del canal, provocaban que aprovisionarse de combustible fuera toda una odisea en el puerto de Poniente, tanto para los profesionales como para los recreístas.
Otro dato que queda para el recuerdo es la velocidad de entrada y salida (unos 11 nudos en ocasiones) de los barcos rápidos (Sea Jet y Ramón Llull) que provocaban un oleaje nada despreciable en el interior del puerto. Por culpa de ellos muchas embarcaciones llegaron a partir amarras y a sufrir golpes contra pantalanes y muelles. Hasta el Ramón Llull llegó a hundir una barquita sólo con el chorro de sus turbinas.
Y no mencionemos la cantidad de mástiles de pequeños veleros que la "nariz" del Ramón Llull derribó en numerosas ocasiones como si se tratase de un divertido juego de bolos. Finalmente hubo que desplazar a los pequeños veleros lejos de esa zona para evitar males mayores.
El aspecto del puerto se había adaptado a las dimensiones de los pepinos que tenían que hollar sus aguas cotidianamente. Así, cuando uno se asoma a la orilla del puerto, se sorprende por la enorme lámina de agua despejada que una rada tan pequeña tiene que dedicar a la maniobra de los grandes buques comerciales.
Mirando ese enorme espacio vacío le da la impresión al observador que tiene que ser mentira que exista una lista de espera de 518 personas esperando un amarre. Y sin embargo, mientras la náutica de recreo se ha estado muriendo de inanición, la marina mercante ha crecido en el puerto, abarcando todo el espacio disponible como si de un gas se tratase. Se han expulsado barcos del Moll de la Trona, de la pasarela de madera, de la orilla norte, etc. para que los barcos de línea puedan estar más anchos y maniobrar más a su comodidad.
Todo en aras de la seguridad. La seguridad es la palabra que abre todas las puertas hoy en día y en su nombre se pueden realizar todo tipo de atropellos sin ningún tipo de problema.
Pero la omnipotente seguridad en Ciutadella siempre ha avanzado a base de perjudicar a los armadores de los barcos pequeños para beneficiar a las líneas comerciales.
Es un dato curioso que nunca se le haya ocurrido a nadie que una forma sencilla de mejorar la seguridad de la maniobra en el puerto consiste en reducir el tamaño de los barcos de línea que operan en él.
Con toda certeza esa no es la seguridad que interesa.
Pues bien, este humilde armador de un barco de 9 metros, añejo integrante de la lista de espera del puerto, sufrido observador de la tensión de las amarras de su barco con las idas y venidas de esas 1428 toneladas de metal (barquísimos, acierta al describirlos Aina Lleonart), no va a echar de menos en absoluto la estampa de esos paquidermos marinos poniéndose sobre dos patas para hacer el reviro sobre el estrecho taburete de la rada ciudadelana. No sólo no voy a soltar ninguna lágrima en esta despedida sino que brindaré muy a gusto porque Ciutadella se ha quitado por fín el corsé y este verano la náutica de recreo se pondrá el bikini.
A su salud.

jueves, 5 de mayo de 2011

La pela es la pela

O algo así debe haber pasado por la mente de los responsables de Ports de les Illes Balears cuando han decidido que no se van a asignar los nuevos amarres de base del antiguo puerto de Ciutadella hasta después del verano.
Y es que estos señores saben los dineros que se le pueden sacar a un amarre de tránsito en pleno veranito en Ciutadella y saben que no tiene nada que ver con lo que se le sacaría en el mismo periodo a esos amarres si están ocupados por embarcaciones de base.
Y como los integrantes de la lista de espera no tienen quien les defienda y ellos mismos se aplican esa máxima tan menorquina del "mejor no digo nada no sea que se enfaden conmigo", pues nada, este verano, Ports va a tener que comprar máquinas de contar billetes para toda la pasta que les va a caer encima. Y es que en Mallorca ese dinero va a caer muy bien. Invertir en Menorca, como que no les gusta mucho, pero poner el saco para que caigan unos cuantos miles de eurillos y llevárselos para allá ya es otra cosa.
Luego surgen una serie de interrogantes a raiz de este tema:
¿Cómo va a afectar a los ingresos de tránsito previstos por el Club Náutico de Ciutadella el que Ports ponga en el mercado 100 amarres de tránsito a un precio mucho más barato?
Porque el dinero se está gastando (gastar 300.000 € en una concesión a tres años para mí no es una inversión) a espuertas pero ¿será tan fácil de recuperar? ¿Lo van a pagar los actuales amarristas de Cala'n Busquets?¿Lo van a pagar el resto de socios?¿Sabe la nueva junta que los Estatutos del Club obligan a que se convoque una asamblea extraordinaria para concertar préstamos que superen el 20% del presupuesto?
También se puede uno hacer otras preguntas:
¿Cuántos de esos amarres de base/tránsito serán ocupados este verano por embarcaciones de las empresas de charter de Ciutadella?¿Tienen esas empresas más derecho a ocuparlos que los integrantes de la lista de espera o por el contrario se va a respetar la letra y el espíritu del Decreto 61/2001 de 20 de abril?
¿No se podría haber empezado a dar pasos para la asignación de esos amarres de base notificando a los miembros de la lista de espera su disponibilidad y empezando a pedirles la documentación necesaria en lugar de hacerlo todo a la carrera, tarde y mal?
Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Titulaciones y sociedad civil

(artículo publicado en La Gaceta Náutica)

Hace unas semanas tuve el placer de desplazarme unos días a Bilbao. Fue un viaje muy positivo en el que tuve la oportunidad de conocer a un buen grupo de personas amantes de la mar y con ese carácter tan especial que comparten quienes han pasado unos cuantos centenares de horas en cubiertas y bañeras. Pero de entre las muchas impresiones positivas que me iba a llevar de Bilbao, tengo que subrayar el poder conocer de primera mano la labor que realiza una asociación cuya existencia desconocía hasta entonces. Se trata de la Asociación Vasca de Capitanes y Patrones de Yate, Itsasamezten. Esta asociación se dedica a divulgar la cultura marinera en el País Vasco de muchas y diferentes maneras. Así, sus miembros desarrollan una febril actividad organizando conferencias, presentaciones, cursos, salidas a navegar, bolsa de tripulantes y un largo y variado etcétera.

Sin embargo, una iniciativa que me llamó poderosamente la atención es su programa de acompañamiento de armadores noveles. El objetivo del programa no es otro que ayudar a aquellos armadores que carecen de experiencia a conocer mejor su propio barco, ganando en confianza y seguridad al tiempo que se aprende a navegar. La asociación proporciona patrones experimentados que acompañan a los armadores noveles a navegar, compartiendo con ellos sus conocimientos y experiencia. Los patrones, miembros de la asociación, hacen esta actividad de forma desinteresada, lo que ya dice mucho del carácter de Itsasamezten. Por último hay que remarcar que no es necesario ser miembro de la asociación para solicitar la ayuda de la misma y participar en el programa.

En los tiempos que corren no es muy habitual encontrarse con iniciativas como ésta y por eso he querido dedicarle unas líneas y hacer público mi agradecimiento personal a quienes han ideado y puesto en marcha una iniciativa tan notable.

Pero el hecho de que la sociedad civil tenga que organizar este tipo de iniciativas tiene una segunda lectura. Y esa segunda lectura no es otra que el sistema de prácticas para la obtención de titulaciones de recreo es un rotundo fracaso.

Fracasa en el pretendido objetivo de enseñar a los nuevos titulados a manejar su barco y en la mayoría de los casos las prácticas se convierten en unos aborregados paseos por el puerto de un grupo más o menos grande de recién titulados, con una expresión en las caras que refleja ni más ni menos lo que están haciendo: perder el tiempo.

En algunos casos, instructores bienintencionados se empeñan en cuerpo y alma para que los alumnos que pasan por sus manos no acaben siendo una seria amenaza para el resto de los artefactos flotantes de la zona, pero se trata de honrosas excepciones que tienen todo en contra de su supervivencia a largo plazo. Por el contrario parece que todo el planeta conspire para convertirles en patrones de golondrinas portuarias con un manojo de clientes forzosos abordo.

Si el sistema fracasa en la formación de los titulados, en cambio triunfa en su empeño de exprimirles a conciencia el bolsillo. Se acogota a los alumnos con prácticas inútiles y estratosféricamente caras, al tiempo que aumentan los requisitos para las academias, de forma que el coste de impartir los cursos también aumenta. El resultado es que todos salen perdiendo y el intrincado sistema de títulos en nuestro país sigue siendo una traba más para el desarrollo de nuestra raquítica industria náutica.